En el desierto de Atacama se halla el cementerio tóxico de la moda descartable

  • Por:karen-millen

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03/2023

AFP / Iquique (Chile)

La prenda deseada, la talla ideal y la marca soñada: no es una gran tienda ni un armario generoso sino el desierto de Atacama en Chile convertido en basurero clandestino de ropa que se compra, viste y bota en Estados Unidos, Europa y Asia.

Coloridas colinas se alzan en el desolado paisaje. Son pelotones que crecen a medida que unas 59.000 toneladas anuales entran por la zona franca de Iquique, a 1.800 kilómetros de Santiago.

El consumo desmedido y fugaz de ropa, con cadenas capaces de sacar más de 50 temporadas de nuevos productos por año, ha hecho crecer de manera exponencial los desechos textiles en el mundo, que tardan unos 200 años en desintegrarse.

Es ropa fabricada en China o Bangladesh y comprada en Berlín o Los Ángeles, antes de ser desechada. Al menos 39.000 toneladas terminan como basura escondida desierto adentro en la zona de Alto Hospicio, en el norte de Chile, uno de los destinos finales de ropa “de segunda mano” o de temporadas pasadas de cadenas de moda rápida.

Chile es el primer importador de ropa usada en América Latina. Desde hace cerca de 40 años existe un comercio sólido de “ropa americana” en tiendas a lo largo del país, que se abastecen de fardos comprados por zona franca en el norte del país provenientes de Estados Unidos, Canadá, Europa y Asia.

“Esta ropa llega de todo el mundo”, explica a la AFP Álex Carreño, extrabajador de la zona de importación del puerto de Iquique, que vive al lado de un vertedero de ropa.

En esa zona de importadores e impuestos preferenciales, los comerciantes del resto del país seleccionan las prendas para sus tiendas y lo que sobra no puede salir por la aduana de esta región de poco más de 300 mil habitantes.

“Lo que no se vendió a Santiago ni se fue a otros países (como Bolivia, Perú y Paraguay por contrabando), entonces se queda aquí porque es zona franca”, afirma Carreño.

Sobre el paisaje desértico hay manchas de todo tipo de basura, y muchas son de ropa, carteras y zapatos. Irónicamente sobresalen botas de lluvia o de sky en una de las zonas más áridas del mundo.

En el desierto de Atacama se halla el cementerio tóxico de la moda descartable

Una señora que no quiere dar su nombre, tiene medio cuerpo hundido en un monte de ropa y hurga en busca de las mejores posibles para venderlas en su barrio.

En otro lado, Sofía y Jenny, dos jóvenes venezolanas que cruzaron hace pocos días la frontera entre Bolivia y Chile, a unos 350 kilómetros del vertedero, eligen “cosas para el frío” mientras sus bebés gatean sobre montes textiles: “Venimos a buscar ropa porque de verdad no tenemos, la botamos toda cuando veníamos mochileando para acá”.

Moda tóxica

Reportes sobre la industria textil han expuesto el alto costo de la moda rápida, con trabajadores subpagados, denuncias de empleo infantil y condiciones deplorables para producir en serie. A ello hoy se suman cifras devastadoras sobre su inmenso impacto ambiental, comparable al de la industria petrolera.

Según un estudio de la ONU de 2019, la producción de ropa en el mundo se duplicó entre 2000 y 2014, lo que ha dejado en evidencia que se trata de una industria “responsable del 20% del desperdicio total de agua a nivel global”.

El mismo informe señala que sólo la producción de unos jeans (vaqueros) requiere 7.500 litros de agua, destaca que la fabricación de ropa y calzado genera el 8% de los gases de efecto invernadero, y que “cada segundo se entierra o quema una cantidad de textiles equivalente a un camión de basura”.

En los basurales textiles de este desiertoes posible tropezar con una bandera de Estados Unidos, un par de faldas abrillantadas, ver un “muro” de pantalones con etiquetas e incluso pisar una colección de suéters con los motivos navideños tan populares en las fiestas de diciembre en Londres o Nueva York.

“El problema es que la ropa no es biodegradable y tiene productos químicos, por eso no se acepta en los vertederos municipales”, señaló aAFP Franklin Zepeda, fundador de EcoFibra, una firma de economía circular con una planta de producción en Alto Hospicio de paneles con aislantes térmicos con base enesta ropa desechable.

Bajo tierra hay más prendas tapadas con ayuda de camiones ediles, en un intento por evitar incendios provocados y muy tóxicos por los químicos y telas sintéticas que la componen.

Pero la ropa enterrada o a la vista también desprende contaminantes al aire y hacia las napas de agua subterráneas propias del ecosistema del desierto. La moda es tan tóxica como los neumáticos o los plásticos.

El precio de un jean: 7.500 litros de agua
Según cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, hacer un jean requiere 7.500 litros de agua, lo que saciaría la sed de una persona durante siete años. Además, en todo el proceso (desde producir el algodón hasta transportarlo a la tienda) se emiten 33,4 kilos de carbono equivalente, reseña la Web InfoRSE.Estos datos, publicados por ONU Medio Ambiente y la Fundación Ellen MacArthur, pueden dar una idea de lo contaminante que es la industria de la moda.Cada año, esta industria utiliza aproximadamente93.000 millones de metros cúbicos de agua, lo que sería suficiente para satisfacer necesidades de consumo de cinco millones de personas.Un 20% de las aguas residuales del mundo provienen del teñido y el tratamiento de textiles.El 87% de las fibras que se usan para confeccionar la ropa se incineran o van directo a un vertedero. Y el 60% se desecha antes de que se cumpla un año desde su fabricación.El rubro de los textiles es responsable del 10% de las emisiones globales de carbono, mucho más que los sectores de transporte marítimo y aéreo juntos. De seguir con este ritmo, las emisiones de gases de efecto invernadero correspondientes al sector de la moda aumentarán más del 50% para 2030.
En busca de una nueva economía textil
Fundaciones como la de Ellen MacArthur, iniciativas como la Alianza de la ONU para una moda sostenible –creada hace un par de años, en la que también participan el programa Connect4Climate del Banco Mundial y otras instituciones–, incentivan una nueva economía textil que cambie este panorama. El objetivo es que se exploren nuevos materiales para fabricar una ropa que sea más duradera, que se pueda revender o reciclar para elaborar otros productos y que disminuya la contaminación.Según la página electrónica del Banco Mundial, algunas de las marcas más importantes ya contestan aeste llamado y están trabajando en descubrir nuevas posibilidades con los materiales y desarrollar procesos más comprometidos con el medioambiente. La tecnología y la investigación están jugando un rol determinante en la transformación de la industria.Desde zapatos deportivos o ropa con materiales extraídos de los plásticos que se arrojan al mar; uso de pieles de pescado, tintas naturales en vez de químicos, mochilas y carteras hechas con lonas desechadas; cáscaras de frutas para sustituir pieles, hasta sistema de devolución de prendas para que la misma marca se encargue de reciclarlas.En septiembre, enBolivia se llevó a cabo el evento de moda Alfombra Verde. En la cita se impulsó el reciclaje en las prendas de vestir.

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