San José, el esposo de la Virgen

  • Por:karen-millen

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03/2023

“Glorioso San José, maestro de vida interior” (Santa Teresa de Ávila)

Es curioso, pero cuando se piensa en los “grandes” santos y su influencia en la Iglesia, es muy fácil pensar en insignes Padres de la Iglesia, Doctores, santos penitentes de la edad media, grandes evangelizadores, etc., mientras que la figura de San José pasa como inadvertida.

Y, sin embargo, seguramente se trata de mayor santo después de la Virgen, porque, ¿a quién pondrá Dios para cuidar de su Hijo? ¿A quién confías tú una tarea de peso, algo de lo que no quieres que haya fallo ni contratiempo alguno? A una persona de tu máxima confianza. Lo mismo creo que Dios concedió a San José dones y gracias como a ninguna otra persona jamás (siempre después de la Virgen, claro está).

No se la santidad primordialmente en lo que uno hace, sino en lo que uno ES. Y como nosotros normalmente ponemos por delante el hacer al ser, tendemos sencillamente a no ver a San José. Lo suyo no nos parece “significativo”. Nos parece casi que eso podría hacerlo uno cualquiera, un simple padre de familia. Y tal vez en eso está la grandeza de San José, y también la nuestra nada.

Rascas un poco y te das cuenta que la figura de San José es la más importante y para los consagrados y para los casados. Como ninguna otra lo puede ser, precisamente por la cercanía a Jesús y María de la que no dispuso ningún otro ser humano. Y porque Dios no deja a uno sin dones para realizar las tareas que le encomienda. Con razón Leon XIII lo proclamó Protector de la Iglesia (El 15 de agosto de 1889, el Papa León XIII escribió una encíclica, “Quamquam Pluries", presentando a San José como modelo de la vida familiar y de la vida de trabajo, y patrono de la Iglesia universal. En tiempos de crisis social y decaimiento religioso, el Papa pidió a los fieles que invocaran a San José juntamente con la Virgen María. Dejó una oración al Santo que aun cien años después se sigue rezando después del rosario en muchos lugares.).

En definitiva, hay que sumergirse en la historia y persona de San José. Debemos meditarla. Nos debe ser grata su figura, desconocida, silenciosa, generosa, sacrificada. Y ahora alguien va a decir, ¿es que la obra de Valtorta nos proporciona conocimiento real sobre la figura de San José (Jesús, María, etc.)? Es la pregunta más difícil a la que no es fácil responder. Debemos otra vez decir algunas palabras sobre las “revelaciones privadas”.

Antes que nada, me parece que ese término, aunque se utilice en la teología y documentos de la Iglesia desde hace tiempo, puede dar lugar a una confusión importante que hay que evitar. De allí tanta irritación respecto a las “revelaciones privadas” que en una parte comprendo perfectamente. Porque parece que alguien quiere suplantarte la fe revelada en la única Palabra de Dios, que es su Hijo (cfr. San Juan de la Cruz).

San José, el esposo de la Virgen

Voy al grano. Supón que Dios te hacer ver alguna escena del evangelio como si se tratara de una película delante de tus ojos. ¿Eso se puede llamar revelación? Pues no. Ver con exactitud lo que pasó, no es revelación. La Revelación es dada por la Iglesia y se acepta desde la Iglesia en la fe, con la fe de la Iglesia. Varios acontecimientos narrados en los evangelios nos hablan de ello. Por ejemplo cuando María Magdalena ve al Señor Resucitado y no lo reconoce. Ella realmente vio al Señor, pero no lo reconoció hasta que no le fue revelado: “¡María!”. O en el caso de los discípulos de Emaus; ellos realmente vieron al Señor pero no lo reconocieron hasta que no se les reveló. La fe la da Dios a propósito de la predicación del Evangelio – “¿cómo lo entenderé si nadie me lo explica?”, responde el etíope al diácono Felipe.

Pero las gracias especiales que Dios puede conceder a determinadas personas pueden confirmarnos en la fe recibida, pueden ayudarnos a entenderla mejor. Sobre todo entiendo que tienen todo su sentido al prevenirnos de determinados errores. Dios, dueño del tiempo y de todo lo creado, puede mostrar un tiempo pasado con exactitud para fortalecer nuestra fe. La pregunta más difícil pues es, ¿realmente pasó así? Primero, debe haber total ausencia de toda diferencia respecto a lo narrado en los evangelios. Segundo, lo que se narra debe tener una lógica aceptable, debe ser razonable para poder ser creído. Pero razonable desde la perspectiva de la sintonía con la obra de Dios. En ese sentido, muchas narraciones de la obra de Valtorta respecto a las costumbres de los romanos, griegos, judíos, galileos, samaritanos de la época son muy realistas y creíbles. Referencias en las conversaciones con los romanos y griegos respecto a obras de sus filósofos de las que solamente personas muy instruidas podían haber oído, aparecen ciudades que solamente expertos en la materia podían conocer. ¿Cómo lo pudo saber ella décadas antes del inicio de las excavaciones? En su momento se burlaban diciendo que Jericó no fue una ciudad tan antigua como se dice en la Biblia, hasta que se encontraron restos de esa época.

En este post se narra la elección de San José como esposo de la Virgen. En el libro “Los Silencios de San José” mencionado en el último post, el Padre Michel Gasnier, O. F. recuerda que “Los Apócrifos imaginaron una serie de leyendas sobre las circunstancias en que se celebraron los esponsales de María, leyendas tenaces que han encontrado un crédito tal a lo largo de los siglos que no hay más remedio que mencionarlas brevemente.Según esas leyendas, el Sumo Sacerdote habría convocado a todos los jóvenes de la Casa de David que aspiraban a casarse con María, invitándolos a depositar sobre el altar su cayado o bastón, pues el dueño de aquél que floreciera sería el elegido del Señor. Naturalmente, fue el bastón o la vara de José el que floreció…”

Pues en la obra de Valtorta la elección de San José coincide con este relato apócrifo y para algunos esto tal vez será el motivo de rechazo de esta obra, al menos en este punto. Primero tenemos que recordar que los escritos apócrifos fueron rechazados por la Iglesia por tener, unos más otros menos, elementos no aceptables. Como por ejemplo cuando presentaban a San José rezando mientras que los ángeles trabajaban en vez de él. Pero no quiere decir que todo lo narrado en los apócrifos esté mal, como por ejemplo los nombres de los padres de la Virgen que la Tradición y los Padres asumieron como verdaderos.

Es curioso ver como alguna percepción espiritualista del Señor y la Sagrada Familia perduró a través de los siglos. Por ejemplo en la película Ben Hur se presenta al Señor meditando por los montes dejando el trabajo sin hacer. Sin duda alguna, esto no ocurre aquí. Tanto San José, como el Señor y la Virgen son presentados como personas muy trabajadoras y eficientes, dignos en vestir, muy realistas y digamos, muy humanos, aunque en el caso del Señor trasluce su divinidad en cada página. Muy Dios y muy Hombre al mismo tiempo, palpas que es Dios y, como dice LG, ves que “pensó como hombre, trabajó con las manos de hombre, amaba con el corazón de hombre”.

Pero volvamos a la elección de San José como esposo de la Virgen. Para nuestra mentalidad modernista y positivista (¡di que sí!, ¡sé sincero!, naturalmente el lector sabe que yo me excluyo de esa mentalidad) el hecho de que florezca un bastón nos puede provocar una risa – burlona, como no puede ser de otra manera. Sin embargo, echemos un vistazo al Libro de los Números, capítulo 5. Leemos allí una prueba de celos, o sea, el marido que sospechaba que su esposa lo engañaba podía llevarla ante el sacerdote y obligarle a que beba agua preparada ritualmente por el sacerdote. Si se le hinchaba el vientre, era culpable; si no, era libre y el marido podía estar tranquilo.

Esas normas se dejaron por escrito para cumplirlas (en su momento), también ellas son Palabra de Dios, y los israelitas las veían como tales y podían proceder según ellas. Más adelante en el mismo Libro de los Números consta como Aarón fue confirmado como sacerdote haciendo Dios que florezca su vara. Para nosotros no existió jamás la barca de Noé, y los israelitas cruzaron el Mar Rojo por otro lugar que lo mismo ni es Mar Rojo. Fue una buena estación de año, un charco se secó y los israelitas lo cruzaron. Di que sí, para qué nos vamos a engañar. Ni tampoco Dios, dueño de la vida, castigó a los primogénitos de Egipto. El faraón se quedó triste al ver que se marcharon sus esclavos de antaño, y eso fue todo.

¿La multiplicación de los panes? Otro cuento, ¿cómo Jesús va a crear la materia de la nada (es lo que ocurre realmente en la multiplicación de los panes y peces)? Pues porque es Dios, esa es la respuesta. Y para que a nadie se le ocurra esa respuesta, ni piense en la misma ni por casualidad, recuerdo que el aparato de propaganda comunista nos explicaba la multiplicación de los panes, partiendo de las correspondientes explicaciones modernistas, de esta manera: “en aquella época, nadie salía de viaje sin llevarse algo de comida, aunque sea los bolsos improvisados de sus vestidos. Al sentarse en un descampado, lejos de cualquier población, todos sacaron lo que tuvieron y lo compartieron. De esa manera Jesús les enseñaba la solidaridad.”

Sin otro particular, poniendo bajo seria y sincera crítica nuestra mentalidad modernista y positivista, pasemos al texto de Valtorta sobre la cuestión.

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