Los pecados de cintura para abajo

  • Por:karen-millen

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10/2022

Cuando digo que los comentarios de agnósticos y ateos suelen estar entre los más interesantes, no estoy hablando por hablar. A menudo sugieren cuestiones cuya discusión puede beneficiarnos a todos. Por ejemplo, veamos este comentario hecho hace poco en el blog por Gringo:Los pecados de cintura para abajo Los pecados de cintura para abajo

Esta acusación o crítica es muy interesante, sobre todo porque no afecta simplemente a InfoCatólica, sino que es algo que se oye muchas veces de la Iglesia en general y lleva oyéndose desde hace un par de siglos. Eso hace que el tema sea digno de discusión y no una mera queja sobre supuestos defectos humanos de InfoCatólica, que, para ser sinceros, tendría mucho menos interés.

Estudiemos la cuestión. ¿Es verdad que la Iglesia, y en particular InfoCatólica, está obsesionada con los pecados “de cintura para abajo”? Es cierto que en InfoCatólica hay bastantes artículos relacionados con la homosexualidad o los anticonceptivos, como dice Gringo, entre otros temas de ese mismo cariz. Lo primero que salta a la vista, sin embargo, es que los ejemplos que proporciona no son representativos, sino que forman lo que los estadísticos llamarían una muestra sesgada, elegida intencionadamente para determinar los resultados en la dirección deseada.

Pocos temas se han tratado más en InfoCatólica que la matanza cotidiana de niños inocentes a través del aborto, un pecado gravísimo contra el quinto mandamiento y no un pecado “de la cintura para abajo”. Por lo tanto, este tema del que quizá hablemos más que de ningún otro, no encaja en la alegación de Gringo. Qué extraño. ¿Será una excepción? En cuanto examinamos otros temas también muy frecuentes, podemos ver que más bien se trata de una “excepción” hecha regla. Por ejemplo, hablamos constantemente de la fe católica y, como contrapartida, el gravísimo pecado de herejía. ¿Relación con los pecados de cintura para abajo? En principio, ninguna. Y es el tema estrella de InfoCatólica. Otro ejemplo, la eutanasia. De nuevo, ninguna relación con los mandamientos sexto y noveno. Otro ejemplo, la liturgia y, como conducta a criticar, la banalización, el antropocentrismo y el simple abandono de la tradición litúrgica de la Iglesia. Nada que ver con la acusación hecha. Un ejemplo más, la existencia de Dios y sus pruebas, negada por el ateísmo e ignorada por el agnosticismo. Solo en este blog se han escrito docenas y docenas de artículos sobre el tema, a pesar de que, supuestamente, es uno de esos temas que no nos interesan.

¿Más ejemplos? Los principios fundamentales de la moral, la obediencia en la Iglesia, que Cristo es el único camino de salvación, la gracia, las obligaciones de los políticos cristianos, los santos y un larguísimo etcétera. Y, por supuesto, los pecados y errores correspondientes, como el relativismo moral, la desobediencia y el servilismo, el sincretismo e indiferentismo, el pelagianismo y luteranismo, la mundanidad, la tibieza, con su también larguísimo etcétera. ¿Es que todas esas cosas no nos importan? Basta ver artículos sobre ellas, con cientos de comentarios, para ver que sí que importan y que despiertan discusiones y pasiones. Y, sin embargo, parece que, más que pecados de cintura para abajo, se trata de pecados de cintura para arriba, cintura para la izquierda o cintura para la derecha o, más frecuentemente, de pecados del alma, que son mucho más graves que los pecados del cuerpo.

¿De dónde surge, entonces, esa persistente sensación que tiene Gringo de que solo nos importan ciertos pecados? A mi entender, tiene toda la razón en que proviene de una obsesión, pero no de la Iglesia ni de InfoCatólica, sino que se trata clarísimamente de una obsesión de la sociedad moderna con los temas de la cintura para abajo. En gran medida, la sociedad actual se basa en la promesa hecha en los sesenta con la liberación sexual: podrás hacer lo que te dé la gana, sin ninguna consecuencia, porque la sexualidad no tiene por qué estar unida al matrimonio ni a los hijos, sino que existe esencialmente para complacerte. Esta idea, que tiene antiguas raíces, se ha convertido, quizá, en el dogma implícito más importante de nuestro mundo hoy y ¡ay del que lo niegue!

Los pecados de cintura para abajo

En ese sentido, al mundo en general le importa un bledo que los católicos hablen de la liturgia o de la existencia de Dios, porque esos temas simplemente se desestiman como algo sin interés ni importancia. En cambio, cuando la Iglesia o InfoCatólica o cualquier católico sincero hablan de temas relacionados con la sexualidad están tocando un nervio sensible y, previsiblemente, llueven las críticas de todos lados. En ese sentido, el mundo nota mucho más los artículos sobre temas relacionados con el sexto mandamiento porque son los que más le molestan, los que niegan uno de sus dogmas fundamentales. Al margen de su frecuencia real, siempre parecerán numerosísimos si se parte de una mentalidad según la cual “uno solo ya es demasiado”.

En cambio, el mundo exige que nos adaptemos a sus modas constantemente cambiantes y denunciemos por activa y por pasiva los “pecados seculares” que son los que le parecen mal al pensamiento políticamente correcto. En ese sentido, nuestra sociedad no soporta que la Iglesia milenaria, con mirada de eternidad, le quite importancia a esas histerias periódicas, que se consideran urgentísimas solo porque son las que están de moda este año. Nuestro mundo, por ejemplo, considera que el divorcio o las relaciones prematrimoniales no tienen nada de malo, pero que la Tierra se destruirá y todos moriremos si no criticamos los combustibles fósiles (al menos de boquilla y mientras viajamos en avión a todas partes). Por eso nos exige que no hablemos de lo primero y sí de lo segundo, de manera que un artículo sobre aquello siempre será demasiado y todos los artículos del mundo sobre esto nunca serían suficientes.

Por otra parte, no tendría mucha utilidad que habláramos contra los pecados que a todo el mundo le parecen mal, al estilo de Fray Gerundio de Campazas. Podríamos dedicar mil artículos a lo malo que es matar a bastonazos a las pobres viejecitas, pero sería una forma muy poco útil de emplear el tiempo, porque, más allá de algún loco de atar, a nadie le parece que esa manera de actuar sea buena, aconsejable o un “derecho”, como sí se consideran, en cambio, otras conductas que denunciamos a menudo precisamente porque el mundo las aprueba.

Del mismo modo, no hablamos casi nunca de las investiduras, porque sería muy difícil encontrar un señor feudal y es una cuestión que nos pilla muy lejos, pero sí hablamos de los anticonceptivos, del divorcio o de las parejas del mismo sexo porque, casi todas las semanas, hay un “teólogo” o un obispo alemán que elogian esas cosas y niegan que sean contrarias a la moral. Reprochar a InfoCatólica que hable contra esos errores patentes y graves sería equivalente a hacer pagar a justos por pecadores, pretendiendo que carguemos con el sambenito de las obsesiones que, en realidad, corresponden a esos seudoteólogos y obispillos mundanos que se desviven por deformar la fe según los gustos de la época.

Sin embargo, seamos justos, ¿no tiene razón Gringo en que se denuncian más unos pecados que algunos otros que también se cometen mucho en nuestro tiempo? Por ejemplo, como señala en su comentario, ¿no hay más artículos sobre el uso de anticonceptivos que sobre otros temas, como el desalojo de familias por no haber pagado algunos meses de alquiler? Es una buena pregunta y, para responder a ella, hay que tener en cuenta una distinción fundamental entre algunos tipos muy diferentes de pecados.

No es extraño que Gringo no haya tenido en cuenta esta distinción, porque hace tiempo que el mundo la ha olvidado, como consecuencia del relativismo moral imperante, y muchos pseudoteólogos en la Iglesia se esfuerzan por acabar con ella con un entusiasmo digno de mejor causa. Sin embargo es una distinción esencial para la moral cristiana y, sin ella, esa moral se derrumba por completo. Me refiero, como es lógico, a la distinción entre acciones intrínsecamente malas y otras que no lo son (que, irónicamente, es otro de esos temas tratadísimos en InfoCatólica y que, en sí mismos, nada tienen que ver con cinturas).

Las acciones intrínsecamente malas, como matar intencionadamente a un inocente, son aquellas que, en sí mismas, al margen de circunstancias y finalidades, son siempre moralmente malas y, por lo tanto, no están justificadas en ninguna ocasión. Estas acciones presentan una ventaja indudable desde el punto de vista de los artículos, homilías, cartas pastorales, encíclicas, denuncias proféticas y decisiones: la claridad. Como siempre son moralmente malas, se pueden rechazar de manera absoluta, sin necesidad de tener en cuenta los casos concretos. Cualquier bloguero de InfoCatólica puede decir, sin temor a equivocarse, que la anticoncepción es mala, que el adulterio es inmoral o que la apostasía es un pecado muy grave y esto es cierto en todos los casos, para todos los países y en todas las circunstancias que puedan imaginarse.

En cambio, hay acciones que no son malas en sí mismas. Desalojar a alguien que no paga el alquiler, por utilizar el ejemplo que menciona Gringo, no solo no es intrínsecamente malo, sino que, en principio, es lo normal. Cuando se celebra un contrato, como el de alquiler, si una de las partes luego lo incumple no tiene derecho a seguir beneficiándose de él. Como es lógico, puede haber casos concretos, algunos trágicos, en que convenga hacer una excepción según las circunstancias familiares, tener flexibilidad y usar la misericordia en vez de la mera justicia legal. Y desgraciadamente, siempre ha habido y probablemente siempre habrá personas que, en esos casos, prescindan de la misericordia y la compasión e insistan en cumplir inflexiblemente la ley al margen de las consecuencias, pero, y esto es lo que afecta a la cuestión que discutimos, no es posible denunciar de forma general y a priori el ejercicio de un derecho del propietario, porque en principio y salvo excepciones, es eso, un derecho.

Podrían tratarse casos concretos de desahucio injusto en un artículo, ciertamente, pero esos artículos, por su propia naturaleza, tenderán a ser mucho menos frecuentes, ya que la mayoría de nosotros no conocemos ningún caso concreto y mucho menos aún conocemos suficientemente las circunstancias que lo rodean y que son necesarias para valorarlo. Además, las consecuencias serían válidas para ese caso concreto y no otros, lo que generalmente hace que tengan menor interés para lectores de todo el mundo. Como dicen los anglosajones, hard cases make bad law, una expresión que es difícil traducir, pero que viene a decir que las excepciones no son una buena base para las leyes generales. O para artículos de interés general, podríamos añadir.

A todo esto hay que sumar una última consideración: la sexualidad es una de las pulsiones fundamentales del ser humano. Lo raro sería que la Iglesia no tuviera muchas cosas que decir sobre ella. Basta mirar a nuestro alrededor para ver que los pecados en este ámbito envician y esclavizan a innumerables personas en el mundo, destruyen las familias, causan horribles problemas psicológicos a los hijos de familias rotas o heridas, acaban con la capacidad de querer de verdad a otros y de sacrificarse por ellos, vulneran hasta lo indecible la dignidad de las personas, conducen a revolcarse en el barro de una sensualidad narcisista y animal y oscurecen la capacidad de buscar las cosas del cielo. En muchos casos, son pecados mortales que ofenden gravemente a Dios y llevan al pecador al infierno. Si no nos tomásemos todo eso en serio, estaríamos haciendo un flaco favor a nuestros lectores.

En resumen, no parece que la acusación de obsesión con los temas “de cintura para abajo” esté justificada esencialmente, si uno la examina con cuidado. Dicho eso, cada publicación y cada articulista es un mundo, con sus cualidades, defectos, gustos y manías particulares, así que, sin duda, habrá unos que subrayen más unas cosas que otros. Al menos por ahora, InfoCatólica no es de lectura obligatoria, así que cada uno que lea lo que prefiera. En la variedad está el gusto.

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