X-504: el poeta de los veinte sentidos

  • Por:karen-millen

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05/2022

Jaime Jaramillo Escobar escribía desnudo, algo que puede parecer una metáfora, pero no. Este poeta, nacido en 1932 y conocido por su alergia a la figuración, su timidez, su bigote, sus dientes grandes y los primeros números de su cédula (X-504), escribía sus poemas sin ropa. Una historia que circula y seguirá haciéndolo entre quienes leen o no poesía, sumada a muchas otras sobre su vida. Pero lo realmente importante, lo que hay que contar, es que era uno de los grandes poetas de la lengua española de la segunda mitad del siglo XX, así, sin más, una información a secas y desnuda, como se deben decir las verdades.

Jaramillo Escobar se murió ayer viernes en Medellín, la ciudad en la que vivía desde hace décadas y en la que impartía desde 1985 un taller que ya era un mito, como él mismo. Cada semana se reunía en la Biblioteca Pública Piloto con entusiastas de la poesía para hablar de un arte que manejó como pocas personas en un país que, ya sabemos, tiene muchos poetas por kilómetro cuadrado. Pero también sabemos que no es lo mismo escribir versos que hacer gran poesía, como la que él hacía. Solo hay que leerlo para enterarse de su grandeza: “El enamorado busca su amor aún allí en donde sabe que no está, /como el aventurero busca su tesoro aún allí en donde no se encuentra, / y así como el hombre busca a Dios en toda parte y lugar sin hallarlo nunca”.

“Poeta no es el que escribe, sino el que tiene la revelación”, escribió en su libro Método fácil y rápido para ser poeta, una especie de manual que también es un libro de poesía en el que dejó su arte poética en capítulos muy breves que hablan “De la vocación”, “Cuándo leer poesía” o “Formación del estilo”, entre muchos otros asuntos. En este libro se nota el oficio de publicista que ejerció durante su juventud, después de salir de Pueblorrico -el pueblo donde nació-, estudiar en Betulia, Andes, pasar por Bolombolo, Anzá, Cali, Barranquilla y terminar en Medellín. Como lo explicó en varias ocasiones, sabía muy bien que la publicidad era una especie de hermana de la poesía, por algo muy sencillo: siempre apela a las emociones de quienes la reciben.

X-504: el poeta de los veinte sentidos

En algunas de sus últimas entrevistas dijo que la poesía actual carecía de sentimiento, y sin este, no hay poesía. Quizá es una exageración, un efecto de publicidad a los que estaba acostumbrado y amaba, pero algo tiene de cierto. Una de las interpretaciones de estas palabras posiblemente tenga que ver con el tipo de poesía que él practicaba, en la que el poeta es la voz de una comunidad o un pueblo, una idea que se distancia de mucha poesía de hoy, más íntima y personal. En él era de la dinastía de Job, Whitman, Rimbaud, Christensen o Parra, poetas de la totalidad, que buscaron traducir el mundo cercano para hacerlo universal y permanente a través de una voz plural.

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