Vuelve los Crop tops y minifaldas tiro bajo

  • Por:karen-millen

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03/2022

La pregunta es por qué ahora. Por un lado, es lógico que en este reinicio de la normalidad, cuando la pandemia aparentemente está comenzando a declinar, la moda se utilice como un renovado modo de expresión y que esta idea de sensualidad y reapropiación del cuerpo sea una de las nociones clave sobre las que crear colecciones después de años entregados al oversize y a la ropa cómoda. De hecho, los estudios aluden a la minifalda como símbolo de una época de optimismo.

Es lógico, también, que la estética del cambio de siglo vuelva, con su culto a lo adolescente y sus accesorios excesivos, era el paso siguiente al espoleado estilo noventero. Pero, por el momento, se plantean dos incógnitas: la primera es si esta tendencia se podrá traducir en ventas, porque son pocos los que se atreven a embutirse en un microtop o un pantalón bajo y la llamada Generación Z es una clientela relevante, pero no mayoritaria. La segunda es más alarmante. A esta industria le ha costado décadas abrirse a otros cánones de belleza y convertir la diversidad no en la excepción sino en la norma. ¿Es esto un paso atrás?

“Es un culto al cuerpo, a la forma y a la identidad propia de la belleza. Se trata de una cuestión de apariencia, de omnipotencia como el poder que tengo de cambiar mi figura a través de una voluntad extrema, cirugías o cambios en la alimentación, para generar la admiración en un otro y aparecer delante de los demás como victoriosos de los logros en nuestros cuerpos y generar así una mística a la belleza”, aseguró en diálogo con Infobae Patricia Doria, diseñadora de indumentaria y directora del área de Moda de la Universidad de Palermo Facultad de Diseño y Comunicación.

Vuelve los Crop tops y minifaldas tiro bajo

Para Michael Kors, “existe un deseo global de mostrar y celebrar el cuerpo, la piel”. En su caso, esto se tradujo en crop tops, faldas ajustadas y vestidos escotados. Durante este pasado año la tendencia mayoritaria en las pasarelas (digitales) era la evasión, prendas evocadoras y voluminosas que intentaban provocar escapismo ante la pandemia. Hoy, casi de vuelta a la vida prepandémica, y con los desfiles físicos a pleno rendimiento, es la sensualidad la que ha ganado la partida.

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Comenzó con modelos como Emily Ratajkowski y Bella Hadid, cuyos guardarropas este año se han convertido en máquinas de viaje en el tiempo hasta el año 2000. Pero la tendencia fue un verdadero éxito en la era de la moda Y2K, promovida por celebridades como Britney Spears, Beyoncé, Paris Hilton y Rihanna. Desde entonces, la silueta y el look se han convertido en una broma de incomodidad, pero ahora, parece que la partida ha dado la vuelta. Vale la pena mencionar que, a diferencia de los looks que vimos en la década de 2000, cuando los jeans súper ajustados cobraron protagonismo, las siluetas de hoy son más relajadas y fáciles de usar.

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La nostalgia por la era Y2K continúa siendo palpable en el street style y en las pasarelas. Ahora, los vemos retomar un lugar más protagónico después de la era de los de tiro alto. Así sucedió en las colecciones de Balmain, Coperni y Gauchere. La semana de la moda de Londres comenzó con el primer desfile de la flamante premio LVMH, Nensi Dojaka, que basa su éxito en el flossing (finas tiras de tejido que se enroscan en el abdomen y recuperan algo de la estética Y2K), vestidos lenceros repletos de tiras anudadas y escotes estratégicos. Continuó con Knwls, otro de los nuevos talentos mejor valorados en el sector, y sus piezas ajustadísimas. Hasta llegar a Regina Pyo, que ha hecho negocio con una estética mucho más dulce y sencilla y se rindió ante el punto ceñido y las aberturas estratégicas.

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